La historia de una madre


SUSAN KLIMUSKO: TOMANDO ACCIÓN PARA SALVAR LOS HIJOS DE OTROS

“Mi historia no es diferente de la de cualquier otra madre que está peleando para salvar a un hijo de la epidemia de los opioides o que ha perdido un hijo a la epidemia. Es una pesadilla escondida.”

El 8 de enero del 2012, recibí la llamada que cada padre teme. Mi hijo se había muerto. Mi bebé precioso. El que me miraba a los ojos profundamente mientras bebía su biberón. El que se estiraba para tocar mi nariz y que se reía cuando le hacía caras. Ese niño que se acurrucaba conmigo y con su cobija cada mañana para empezar su día. El atleta, el científico, el explorador, el que veía caricaturas de dinosaurios, programas del espacio y el que leía la serie de Harry Potter una y otra vez. El niño que también estaba predispuesto genéticamente a la enfermedad que es la adicción… ese era mi hijo. Y ahora se había ido de este mundo. Mi Austin perdió su batalla contra su adicción en un solitario Motel 6 en Bakersfield, en el cual estaba acostado en el piso por tres días antes de que alguien lo pudo encontrar. Tenía 23 años y tenía toda su vida por delante. Austin había estado en rehabilitación por tres meses y estaba trabajando en un taller mecánico cuando decidió consumir “una última vez”. Sí terminó siendo su última vez. Una pesadilla que muchos mantienen escondida debido al estigma que conlleva ser una adicto a la heroína. Un drogadicto. Pero el camino de mi hijo hacia la heroína fue similar a el de tantos otros: empezó con el alcohol, con la marihuana y con el saqueo de botiquines medicinales—y lo llevó a encontrar a doctores sin morales que le dieran prescripciones. Austin nunca tuvo una razón legítima para que le prescriban opiáceos.

Una profunda furia e ira se me trepó al alma debido a mi pérdida. Primeramente, estaba muy enojada con mi hijo por darme el peso de llevar conmigo este dolor y esta tristeza por el resto de mi vida—y segundamente, estaba enojada con la sociedad por permitir que esto ocurriera. Me puse en comunicación a través de las redes sociales y encontré una efusión de duelo y miedo por parte de otros padres enfrentando la misma situación que yo. Los padres de algunos amigos de Austin que estaban lidiando con el mismo problema estuvieron a mi lado, junto con otra madre que perdió a su hija poco después del fallecimiento de Austin. Trabajando juntos, nació el grupo anti-heroína “Not One More” (Ni Uno Más). Y cinco años después seguimos luchando contra un problema que ha crecido exponencialmente y que estas causando devastación y dolor a nivel nacional.

Con la ayuda de colegas y con la combinación de mi pasión como madre con mi conocimiento como un profesional de la salud, ofrecemos algunas estrategias para combatir a este enemigo:

  • Enseñémosle a nuestros hijos, tanto en la casa como en la escuela, que las pastillas pueden matar—incluso hasta una sola pastilla.
  • Pongamos bajo llave o eliminemos medicamentos expirados o no usados para que no estén fácilmente disponibles para otros.
  • Las escuelas deberían de ofrecer intervención temprana y de darle seguimiento a los niños que están en riesgo
  • Deshacernos del estigma asociado con la adicción para que los pacientes puedan ser amados, apoyados y alentados para tomar el camino de la recuperación.
  • Aquellos adictos a los opioides deben ser educados sobre maneras de minimizar daños al igual que deben ser proporcionados con naloxona.
  • Los padres deben considerar cuidadosamente antes de permitir el consumo de alcohol o marihuana en la minoría de edad.
  • El personal médico, los hospitales y las farmacias deben ser proactivos en usar el programa CURES para rastrear el uso de opioides y para identificar a aquellos que los prescriben de más
  • Finalmente, los medicamentos para el dolor más poderosos deben ser regresados a su propósito original y ser usados únicamente para el manejo del dolor al final de la vida.

Antes del fallecimiento de Austin, me había sentado con representantes de la junta médica, con congresistas, con departamentos de policía y había escrito cartas sin resultado alguno. Pero al fin la gente está escuchando y se está uniendo a la lucha, aunque lentamente. El Condado de Ventura ha hecho un trabajo espectacular en cuanto a responder a los llamados de ayuda por parte de los padres mediante la continuación de la educación y la conciencia a nivel del condado con el “Rx Abuse & Heroin Workgroup” (Grupo de trabajo del uso abusivo de los medicamentos recetados y de la heroína del Condado de Ventura). El crear una fuerza especial farmacéutica multiagencia que rastrea y monitorea a aquellos que están abasteciendo pastillas en nuestras calles y a nuestros seres queridos nos permite responsabilizar a los malhechores. Y yo personalmente continuaré apoyando a otros padres en esta lucha, yendo a Washington, DC para participar en el “FedUp! Rally for a Federal Response to the Opioid Epidemic” (¡Hartos! Manifestación para una Respuesta Federal a la Epidemia de Opioides). Para acabar con esta guerra, necesitaremos todo el pueblo. Maldita sea, necesitaremos a todo el condenado país.

Susan Klimusko es una enfermera certificada, una partidaria para los padres y una madre de Simi Valley. Ha trabajado en varios hospitales y salas de emergencia locales y, después de la muerte de su hijo Austin, fue un miembro fundador de “Not One More” (Ni Uno Más). Actualmente, es una líder activa local de FedUp! Rally for a Federal Response to the Opioid Epidemic”.



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